lunes, 23 de marzo de 2009

Las castañuelas azules

En medio de la solitaria infancia en el campo, Camila tenía la dulce compañía de las castañuelas azules. Cuando el silencio se colaba entre las rendijas de la puerta, las sacaba de la caja, esa que estaba en el cajón de la mesa de luz y las acariciaba apenas, para despertar al duende, con las yemas de los dedos. Luego las hacía repicar locas, sobre la palma de la mano. Y sentía vibrar sus brazos, su cuerpo y un calor subía por sus pies y ya le entraban ganas de bailar.

En las tardes raquíticas de invierno, a Camila le gustaba mirar las fotos viejas de mamá, vestida de sevillana, con su bata de cola y los brazos altos, muy altos sobre la cabeza. Y allá arriba entre sus manos, las castañuelas. Entonces corría a abrazarla, besarla y apretando las suyas de plástico azul, las hacía sonar entre sus deditos, con más gracia que talento. Y giraba. Y soñaba que bailaba en el teatro y la aplaudían y era famosa.

Camila bailaba con el vestido rojo a lunares blancos. Y castigaba el piso con sus pequeños pies montados en los zapatos de tacón. La casa se llenaba de risas y música, hasta que nos dormíamos, agotadas de juego, mientras mamá nos cantaba con voz cascada esas nanas tan lindas.

Las tardes del sexto invierno de Camila se oscurecieron. Pasaba los días mirando fotos y acariciando sus castañuelas de plástico. Debajo de la cama, languidecían, los zapatos de tacón. Entonces le pedía a mamá que la levantara y le pusiera el vestido a lunares. Y le comprara unos zapatos rojos, como los de esa bailarina del teatro.

Al finalizar ese invierno, Camila perdió sus castañuelas azules.

viernes, 20 de marzo de 2009

Cadaver ex-quisito

Encontramos el pequeño cuerpo carbonizado.
Eso que le dijimos que lo vigilara bien.
Que no se separara de él.
En fin. Comeremos provoleta y ensalada
otra vez.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Fosa

Sobre el océano cavó la fosa. En las aguas verdinegras de la playa extendió un brazo y la atrapó con sus delgados tentáculos. El perfume de la rosa invadió su alma y desde un remoto pasado humano oyó la voz que le decía: “ahora sí, éste es tu tiempo”. Clavó las órbitas en la cinta negra que separa el acá y allá, y se lanzó, sin más, hacia los abismos de la finitud.
U.del Mar

Soledad

Soledad
CRUZAGRAMAS: un grupo de escritores en busca de alternativas
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.