miércoles, 7 de abril de 2010

Me gusta...


caminar descalza sobre el pasto
mirar el sol a través de los árboles
aspirar las mañanas

las veredas recién baldeadas
y las alfombras de hojas de otoño

las manitos cálidas de los niños
y las caricias lentas de unas manos en mi piel
me gustan

Y las tardes de invierno
las películas de amor
y de terror
y tomar mate en pijama

La ropa limpia y planchada
ponerme perfume
me gusta

la siesta del sábado
nadar de espaldas mirando el cielo
reírme con mis amigas
la piel sedosa de los gatos
y su ronroneo de placer
mirar la lluvia desde la ventana
el color negro
me gusta

el arroz con leche y canela
los panqueques de manzana
el sushi
y la pizza de muzzarella
el café expreso
el marroc
las frutillas y el ananá
los licuados bien fríos


oler el jabón en mi piel
los zapatos de taco bien alto
el satén y el terciopelo
las gasas y los tules
las lentejuelas
las medias negras
y él cuando me las quita
me gusta

casi toda la música
me gusta

danzar libre y descalza
me gusta

bailar el tango bien lento
me gusta

emocionarme con la pintura
la gente con proyectos
la soledad de un café y un libro

caminar a la orilla el mar
de cara al sol

guardar recuerdos
me gusta me gusta me gusta

me gusta
andar en bicicleta
y los caballos
y los aviones
y los palcos de los teatros

los cuellos largos
y los dedos finos
me gusta…
besarlos

me gusta
hundir la mano en la harina fresca
y el olor a levadura
y a torta de domingo.

los cristales y los espejos
la madera de haya y de roble
el bronce y la plata
me gustan

espiar a la gente
y armar historias

y pasear por Palermo

viajar a lugares desconocidos
y perderme

Me gusta la cerveza negra
y sentirme segura

Me gusta la espalda de él
y su olor

Y me gustan…
El pelo suelto y limpio
Las miradas transparentes
La ropa bien blanca

Me gusta quedarme sola
para llorar

me gustan mis plantas
mis fotos queridas
el pastillero de la tía
el ajedrez de papá


las canciones italianas
y el pop

me gusto a los veinte

me gusta
el canto de las ranas
los pájaros de colores
los perros de cara chata


las flores rojas
y los jazmines

los libros ajados
y los lápices

y el surrealismo

los botones de nácar
y los vestidos negros

el papel glasé brillante

los marcos
las máquinas viales
las grúas
las ventanas grandes
los pisos de madera lustrada
las escaleras de mármol
me gustan

los árboles fuertes y altos
los lagos vacíos
la noche y sus silencios
el viento frío en la cara
los árboles vestidos de nieve
el fuego en la hoguera.

los tobillos finos

cantar bien alto

estirarme en el piso

me gusta que me acaricien el cuello y la espalda

me gusta mi ombligo

las noches con vino y amigos
me gustan

las estatuas
las alfombras peludas
y las macetas de barro

las lámparas grandes
los té perfumados
las copas de cristal

los carteles luminosos
las latas de chocolates
hacer caras en el espejo
me gusta

y las caricias
y hacer “cucharita”
y sentir el aliento en mi nuca
y el abrazo agotado de amar
me gusta…
me gusta…
me gusta…
Cris.
Pintura: "Mujer en el jardín". Zulay Herrera



martes, 30 de marzo de 2010

Verano en sepia



La tarde cerraba sus ojos. Mi mirada estaba fija en esa línea media entre lo real y lo fantástico. Una corriente de palabras silenciosas nos envolvía. De pronto, como si emergiera de un sueño, Clara silbó esa melodía que fue nuestra aliada durante mucho tiempo. Comenzó con un siseo, levantó vuelo y fue toda canción resonándonos en el cuerpo.
Siempre pensé que las despedidas deben darse solas. Sin gestos ampulosos o de reproches. Sin lágrimas. Sin temores. Así. Con una suave música de adiós. Entonces nos miramos y una sonrisa de ternura bailó en nuestras bocas, subió por nuestras mejillas y se sumergió en nuestros ojos. Sus labios formaron un corazón de manteca y miel sobre los míos. Y fuimos dos estrellas fugaces enlazadas en un instante eterno.
Acaricio su recuerdo desde una foto sepia que encontré esta mañana. Después de tantas vueltas y tantos errores, hoy vuelvo a pensar en aquel verano de verdes intensos y azules violentos. De besos fugaces, secretos, peligrosos.
Desde la foto, su mirada silenciosa me aturde. Su sonrisa me inhibe. Hubiera querido besarla de nuevo, como última ofrenda a un verano adolescente. Con gesto cansado doblé la imagen. Esta despedida no se parece a aquella y sin embargo aún escucho nuestra melodía.

Cris.

domingo, 21 de marzo de 2010

Una extraña








Pintura: Edward Hopper


En la mesa de un bar cualquiera, a cualquier hora de la noche, tal vez apareciera, trasnochada, una extraña. Es probable que se sentara a contraluz de la ventana, y que alguien entrase y le sonriera; o le hablara. Serían quizás, viejos conocidos. O amantes. Pudiera ser también, que al verlo se dibujara una muestra de decepción en el rostro enigmático, y ese alguien se esfumara en el aire denso del bar.
Es probable que entre sorbo y sorbo de café, ella sólo se dejara estar perdida, en algún instante de su historia. Y no le importara alguien. Y estuviese allí quieta, mirando dentro suyo. Y viera correr el tiempo con su rostro impasible, recortado por la luz. Mirase a su alrededor, oyera las voces, el ruido de los pocillos al chocar entre sí, los vasos tintineantes de hielo. Oliera el último tostado y llenara sus pulmones de aroma a café recién molido. Sacara un libro de su cartera, se pusiera sus anteojos azules y leyera lenta o vorazmente, alguna novela o ensayo. O simplemente, intentara garabatear una poesía en ese instante melancólico. Es posible que quisiese fumar, pero se arrepintiera. O saliera a hacerlo a la vereda y dejara ver su rostro, clareado por la luz de la marquesina. Y alguien le encendiera el cigarrillo y comenzaran a hablar. Subiese al auto que la estuviera esperando, y mirase desganada o amorosa a su acompañante. O acaso esperase el próximo ómnibus, con la mirada oscurecida. O tal vez, la extraña, sólo quiera volver a la mesa. Y reencontrarse con su trasnochada soledad. A cualquier hora de la noche.
Cris.

Soledad

Soledad
CRUZAGRAMAS: un grupo de escritores en busca de alternativas
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.