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martes, 31 de marzo de 2009

Sin lentes

Qué cosa esto de salir a las tres de la tarde. En verano. Sin lentes de sol.
Uno ve todo a través de una cortina de agua. Los ojos van guiñando a derecha e izquierda. La boca te cuelga del guiño permanente y toda la cara queda volcada hacia un lado. Después de un rato, cuando uno siente que no puede cerrar la boca de acalambrada que está, la mueca pasa rápido hacia el otro lado. Ahora el que guiña es el izquierdo. La boca muestra el canino. Ése que te salvaron después de recibir un golpe con el poste de luz, que no viste por pelear con el tipo. El que casi te atropella al doblar Viamonte.
Y así, vas mirando la realidad por la mitad izquierda o derecha. Que al fin, no difieren mucho, porque se mezclan en tu cabecita que a esta hora ya hierve bajo el implacable sol de enero y cocina los carteles de Callao en el mismo caldero interior: José Larralde peinado por Giordano y con corpiño de Dulce Carola tocará en el Tasso, y si va en moto, que lleve casco porque sino el Gobierno de la Ciudad se la quitará.
A todo esto, tu pelo, que antes de salir planchaste prolijamente con la planchita de iones, está hecho una cortina de flecos pegada a tu cara torcida.
Entonces, como era de esperar, te encontrás con la novia de tu ex, que está espléndida porque bajó del auto con aire, y que además (diosa), te lleva como veinte centímetros por las plataformas que sostienen a las recién estrenadas lolas. Regalo del que a vos nunca te dio ni una tarjeta navideña, porque claro, cuando estaban juntos nunca ganaba lo suficiente.
Maldecís haberte olvidado los lentes, que te ocultan tan bien.
Así que haciéndote la que no la ves, doblás rápido y te metés en el primer lugar que encontrás, que resulta ser una super boutique internacional.
Entrás como si fueras a comprar todas y cada una de las prendas de más de 200 dólares que cuelgan despreocupadas por todo el local. El vendedor, que no te cree, te persigue desconfiado. No sabés si es porque aún se ve tu canino reconstruído o por el pelo pegado a tu mejilla ladeada color tomate.
Una vez recuperado el aliento, mordida la rabia de haberte encontrado con la nueva de tu ex y ofendida por el acecho del vendedor, salís del negocio furiosa. Y casi corriendo no parás hasta llegar, destruída, a tu casa.
Y prometés no salir jamás a caminar a las tres de la tarde. En verano. Sin lentes de sol.

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.