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domingo, 26 de diciembre de 2010

Encuentro

La encuentro cada tardecita. No comprende mi idioma.
Su boca se abre enormemente desdentada en una risa loca.
La miro seria. Me mira jocosa.
Cada tardecita, cuando sopla la brisa tibia, sale ella, casi desnuda. Casi yo.
Abre la puerta de los taxis. Extiende una mano llena de historias, donde rueda una falsa moneda, hipócrita.
Y yo me sonrío. No puedo evitar sentirme ella.
Y así no odio.
Me resbala el discurso del trajeado hombre de negocios.
Del estudiante eterno, que corta calles, lleva pancartas y vive de sus padres.
De la caritativa anciana enjoyada.
Me siento ella. Sólo un momento.
Ese momento eterno del atardecer cuando el sol escapa al agobio,
a la desesperanza. Al dolor que nos hermana, nos emparenta, nos abraza.
Y río como ella
ajena a la historia que justifica su historia.
A los cientos de papeles, de leyes, de redistribución equitativa de la riqueza.
Me río como ella
de las declamaciones de la izquierda y de la derecha
del centro y de las transversales.
Me río de los políticos corruptos y de los gremialistas enriquecidos ilícitamente.
Me río de los planes sociales
de los subsidios a familiares
de los viajes robados a jubilados y revendidos a amigos o ajenos.
Me río de las puertas abiertas al mundo y de los bolsillos cerrados.
Cada tardecita, cuando la encuentro, me río.
Como ella. Festejando cada moneda hipócrita.
La encuentro cada tardecita en cientos de risas desdentadas y ojos de lagañosa tristeza.
Casi desnuda. Casi como yo. Casi.

Cris.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mirada



Toda la melancolía del paisaje
se refleja en tu mirada
me turba tu abrazo y me acuna tu tristeza
¡todo es tan simple!
y sin embargo
el universo inscribe sobre nosotros
su sinfonía de eternidad
ajena

al fin
callan las voces su grito desleído de siglos
y vuelvo a ser yo
desgarrada
y volvés a ser vos
en tu mirada de niño gris.

viernes, 7 de mayo de 2010

Ignorancia




La anarquía de tus manos viola mi secreto
el azul del mundo nos extraña
y en ese murmullo de frases interrumpidas
jadeosas
el enlace de tu cuerpo anuda la materia dispuesta
y enloquece de estridencias las noches blancas

éter y alondras
plumones de escarcha
luces de nácar sobre tu piel indefensa
y en el loco correr de la savia
tus trompas fecundas
absorben mi ignorancia.
Cris.
Pintura: yoquieroarte.com

miércoles, 5 de mayo de 2010

Frustración



Señalaba con una uña comida la vidriera. Miraba a su madre con ojos de porfavormamá y seguía señalando el reflejo de su carita llorosa en el vidrio de la juguetería. Qué más quisiera la madre que poder alcanzarle ese juguete que debería pertenecerle. Debería ser suyo por ser niña. Debería ser, en realidad, un tributo a su inocencia, a su potencial de adulto feliz. Pero las reglas no están dictadas para los niños. Los juguetes no son para cualquier niño. Deben ser para aquél cuyos padres puedan pagarlos. Los otros no merecerían ser niños.
La manito fue arrastrada por la frustración del adulto, quien ya sabía que los juguetes no son para todos. Tarde o temprano cesarían las lágrimas y al fin comprendería que no todos merecen ser feliz.
Cris.
05/05/2010
Pintura: Juanito Laguna. Berni

sábado, 24 de abril de 2010

Apocalipsis



Dónde estás
oscuro jinete en llamas

hacia dónde vuelas
destruido ya
tu nombre de muerte

no hallaran tus víctimas
el paraíso

tu mirada voraz las deglutió
las roció de alcohol
las vistió de estiércol

adónde irás
destructor de sueños
invasor de pesadillas
insecto omnívoro
caníbal animado

adónde irás
buscando tus párvulos muertos

seguirás
galopando fatigas
rasgando la noche
de sexo furtivo
lascivo

encontrarás algún rastro
de aquellos

que fueron
promesas festivas
esquivas

o serán otros
los que arrastren
con tristeza suma
la desdicha
del alma perdida.
Cris.
Pintura: José Viera - El Apocalipsis (VI)

miércoles, 7 de abril de 2010

Me gusta...


caminar descalza sobre el pasto
mirar el sol a través de los árboles
aspirar las mañanas

las veredas recién baldeadas
y las alfombras de hojas de otoño

las manitos cálidas de los niños
y las caricias lentas de unas manos en mi piel
me gustan

Y las tardes de invierno
las películas de amor
y de terror
y tomar mate en pijama

La ropa limpia y planchada
ponerme perfume
me gusta

la siesta del sábado
nadar de espaldas mirando el cielo
reírme con mis amigas
la piel sedosa de los gatos
y su ronroneo de placer
mirar la lluvia desde la ventana
el color negro
me gusta

el arroz con leche y canela
los panqueques de manzana
el sushi
y la pizza de muzzarella
el café expreso
el marroc
las frutillas y el ananá
los licuados bien fríos


oler el jabón en mi piel
los zapatos de taco bien alto
el satén y el terciopelo
las gasas y los tules
las lentejuelas
las medias negras
y él cuando me las quita
me gusta

casi toda la música
me gusta

danzar libre y descalza
me gusta

bailar el tango bien lento
me gusta

emocionarme con la pintura
la gente con proyectos
la soledad de un café y un libro

caminar a la orilla el mar
de cara al sol

guardar recuerdos
me gusta me gusta me gusta

me gusta
andar en bicicleta
y los caballos
y los aviones
y los palcos de los teatros

los cuellos largos
y los dedos finos
me gusta…
besarlos

me gusta
hundir la mano en la harina fresca
y el olor a levadura
y a torta de domingo.

los cristales y los espejos
la madera de haya y de roble
el bronce y la plata
me gustan

espiar a la gente
y armar historias

y pasear por Palermo

viajar a lugares desconocidos
y perderme

Me gusta la cerveza negra
y sentirme segura

Me gusta la espalda de él
y su olor

Y me gustan…
El pelo suelto y limpio
Las miradas transparentes
La ropa bien blanca

Me gusta quedarme sola
para llorar

me gustan mis plantas
mis fotos queridas
el pastillero de la tía
el ajedrez de papá


las canciones italianas
y el pop

me gusto a los veinte

me gusta
el canto de las ranas
los pájaros de colores
los perros de cara chata


las flores rojas
y los jazmines

los libros ajados
y los lápices

y el surrealismo

los botones de nácar
y los vestidos negros

el papel glasé brillante

los marcos
las máquinas viales
las grúas
las ventanas grandes
los pisos de madera lustrada
las escaleras de mármol
me gustan

los árboles fuertes y altos
los lagos vacíos
la noche y sus silencios
el viento frío en la cara
los árboles vestidos de nieve
el fuego en la hoguera.

los tobillos finos

cantar bien alto

estirarme en el piso

me gusta que me acaricien el cuello y la espalda

me gusta mi ombligo

las noches con vino y amigos
me gustan

las estatuas
las alfombras peludas
y las macetas de barro

las lámparas grandes
los té perfumados
las copas de cristal

los carteles luminosos
las latas de chocolates
hacer caras en el espejo
me gusta

y las caricias
y hacer “cucharita”
y sentir el aliento en mi nuca
y el abrazo agotado de amar
me gusta…
me gusta…
me gusta…
Cris.
Pintura: "Mujer en el jardín". Zulay Herrera



martes, 30 de marzo de 2010

Verano en sepia



La tarde cerraba sus ojos. Mi mirada estaba fija en esa línea media entre lo real y lo fantástico. Una corriente de palabras silenciosas nos envolvía. De pronto, como si emergiera de un sueño, Clara silbó esa melodía que fue nuestra aliada durante mucho tiempo. Comenzó con un siseo, levantó vuelo y fue toda canción resonándonos en el cuerpo.
Siempre pensé que las despedidas deben darse solas. Sin gestos ampulosos o de reproches. Sin lágrimas. Sin temores. Así. Con una suave música de adiós. Entonces nos miramos y una sonrisa de ternura bailó en nuestras bocas, subió por nuestras mejillas y se sumergió en nuestros ojos. Sus labios formaron un corazón de manteca y miel sobre los míos. Y fuimos dos estrellas fugaces enlazadas en un instante eterno.
Acaricio su recuerdo desde una foto sepia que encontré esta mañana. Después de tantas vueltas y tantos errores, hoy vuelvo a pensar en aquel verano de verdes intensos y azules violentos. De besos fugaces, secretos, peligrosos.
Desde la foto, su mirada silenciosa me aturde. Su sonrisa me inhibe. Hubiera querido besarla de nuevo, como última ofrenda a un verano adolescente. Con gesto cansado doblé la imagen. Esta despedida no se parece a aquella y sin embargo aún escucho nuestra melodía.

Cris.

domingo, 21 de marzo de 2010

Una extraña








Pintura: Edward Hopper


En la mesa de un bar cualquiera, a cualquier hora de la noche, tal vez apareciera, trasnochada, una extraña. Es probable que se sentara a contraluz de la ventana, y que alguien entrase y le sonriera; o le hablara. Serían quizás, viejos conocidos. O amantes. Pudiera ser también, que al verlo se dibujara una muestra de decepción en el rostro enigmático, y ese alguien se esfumara en el aire denso del bar.
Es probable que entre sorbo y sorbo de café, ella sólo se dejara estar perdida, en algún instante de su historia. Y no le importara alguien. Y estuviese allí quieta, mirando dentro suyo. Y viera correr el tiempo con su rostro impasible, recortado por la luz. Mirase a su alrededor, oyera las voces, el ruido de los pocillos al chocar entre sí, los vasos tintineantes de hielo. Oliera el último tostado y llenara sus pulmones de aroma a café recién molido. Sacara un libro de su cartera, se pusiera sus anteojos azules y leyera lenta o vorazmente, alguna novela o ensayo. O simplemente, intentara garabatear una poesía en ese instante melancólico. Es posible que quisiese fumar, pero se arrepintiera. O saliera a hacerlo a la vereda y dejara ver su rostro, clareado por la luz de la marquesina. Y alguien le encendiera el cigarrillo y comenzaran a hablar. Subiese al auto que la estuviera esperando, y mirase desganada o amorosa a su acompañante. O acaso esperase el próximo ómnibus, con la mirada oscurecida. O tal vez, la extraña, sólo quiera volver a la mesa. Y reencontrarse con su trasnochada soledad. A cualquier hora de la noche.
Cris.

domingo, 14 de marzo de 2010

Tarde de verano



El arrullo del agua al correr
el crujido de la corteza al caer
el silbido de un ave solitaria
y la purísima claridad
de una tarde de verano
en soledad.

lunes, 8 de marzo de 2010

Descarnado


Descarnado lo vi
descarnado
comiéndose la vida
chupándose la sangre
aspirándose el último hálito
del cerebro dormido embotado

guiñapo humano zombi urbano
resto desechable basura inútil

descarnado lo vi
descarnado
llorando aún su despojo
sin reparto de culpas
sin rechazo de hermanos
sin pupilas sedientas

y seguí mi camino

ya olvidado
el descarnado.
Cris.
Serie Vagabundos.Floreal Arias Galleguillos

sábado, 13 de febrero de 2010

Aún no lo sabés


Ayer estuve
en tu ausencia inmediata
y en tu claridez de espinas
en tu vientre deshojado de luna
estuve allí
donde se pierden los aromas
y se neutralizan las palabras
donde la tristeza es una metáfora incierta
y la melancolía es ajena
distante
estuve en ese sitio formando nido
devorando certezas
incendiando milagros
detrás de unos ojos míos estuve
y navegué ríos de odio
salvé sueños oscuros
lamí heridas rancias
estuve allí
donde no puedes siquiera imaginar
donde el corazón se muere
y renace y palpita y vuelve a morir
allí estuve
como estoy ahora
con la carne ajada de besos de mieles de sombras
pero eso
eso
vos aún no lo sabés.
Cris.
Pintura: Tú y yo- Xul Solar

miércoles, 20 de enero de 2010

Sin poesía


Cada día mi vida escapa al influjo poético. Mi alma se seca, se retuerce. Imposible escribir algo que transmita un sentimiento cercano a la poesía.
Muchas veces, cuando me siento frente a la computadora, las palabras se atoran en mi mente, sin orden ni concierto, queriendo escapar a través de los dedos sobre el teclado. Y sin embargo, después de golpear durante horas, sólo consigo alterar, un poco, el orden de las palabras. Formar frases inconexas. Desagradables formas irregulares de la lengua.
Dónde comienzan las ideas. Desde dónde afloran los pensamientos más poéticos. Las formas más sutiles de la lengua. Cómo conseguir el sortilegio de la belleza en el papel. Misterio. Puro misterio. Y quedo enredada allí donde no es posible alcanzar la expresión más sublime ni el más puro verso. En el fondo de la tristeza o en el margen de la felicidad. Removiendo las entrañas, pero sin salir de la piel dura, impermeable al dolor o a la alegría.
Día a día me trabo y me destrabo. Erijo castillos de palabras sin sustento. Voy y vengo por sus pasadizos oscuros. Me desgarro el alma. Sufro tormentos y amores. Desnudo besos amantes. Trepo, sin red, cornisas y acantilados. Recorro el fondo de mares tormentosos. Realizo viajes al más recóndito de los parajes interiores. Y aún así, no consigo dejar palabras melodiosas en el papel. Y aún así, sigo intentando una y otra vez romper el caparazón de la mediocridad.
Cris
Pintura: Soledad Nocturna. Nelson Perez. Colombia

jueves, 7 de enero de 2010

Sueños rotos

Elena caminaba sobre pétalos de amancay. No los veía. La mirada estaba fija en su corazón muerto. Y hacia allí dirigía sus suspiros.
Me la crucé cuando iba al mar. Llevaba un pantalón oscuro y el cabello al aire.
Ardía el horizonte. Los últimos pájaros emprendían su regreso y ella trepaba la rocosidad nocturna. Su andar tenía la premura de una canción de cuna, y sus manos trenzaban y destrenzaban dedos adormecidos de caricias.
Yo oía el crujido debajo de sus pies de lino y soñaba con alcanzarla. Me estiraba para verla y escondía mi mirada detrás de las luciérnagas de brillo intermitente. No podía oírme. Sin embargo, su andar me buscaba.
Enardecido de espera, alcancé su figura. Fui su sombra, su aliento, su miedo.
La seguí hasta que llegó a la orilla del acantilado. Dejé que sus lágrimas jugaran con el viento y sujeté con mis labios su pelo desnudo. Ella dudó cuando mis brazos se abrieron para recibirla. El aire sacudía sin piedad su cuerpo de sueños rotos y gotas saladas corrían, sin propósito, hasta la boca. Y cuando se lanzó, la rocé con un beso.
La sentí temblar en el vuelo y así, abrazados, penetramos la oscura frialdad.
La dejé dormida entre algas perfumadas de coral. Y sellé con mi sangre su palidez de sirena.

Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.