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domingo, 21 de marzo de 2010

Una extraña








Pintura: Edward Hopper


En la mesa de un bar cualquiera, a cualquier hora de la noche, tal vez apareciera, trasnochada, una extraña. Es probable que se sentara a contraluz de la ventana, y que alguien entrase y le sonriera; o le hablara. Serían quizás, viejos conocidos. O amantes. Pudiera ser también, que al verlo se dibujara una muestra de decepción en el rostro enigmático, y ese alguien se esfumara en el aire denso del bar.
Es probable que entre sorbo y sorbo de café, ella sólo se dejara estar perdida, en algún instante de su historia. Y no le importara alguien. Y estuviese allí quieta, mirando dentro suyo. Y viera correr el tiempo con su rostro impasible, recortado por la luz. Mirase a su alrededor, oyera las voces, el ruido de los pocillos al chocar entre sí, los vasos tintineantes de hielo. Oliera el último tostado y llenara sus pulmones de aroma a café recién molido. Sacara un libro de su cartera, se pusiera sus anteojos azules y leyera lenta o vorazmente, alguna novela o ensayo. O simplemente, intentara garabatear una poesía en ese instante melancólico. Es posible que quisiese fumar, pero se arrepintiera. O saliera a hacerlo a la vereda y dejara ver su rostro, clareado por la luz de la marquesina. Y alguien le encendiera el cigarrillo y comenzaran a hablar. Subiese al auto que la estuviera esperando, y mirase desganada o amorosa a su acompañante. O acaso esperase el próximo ómnibus, con la mirada oscurecida. O tal vez, la extraña, sólo quiera volver a la mesa. Y reencontrarse con su trasnochada soledad. A cualquier hora de la noche.
Cris.

2 comentarios:

pinceladas de mi día a día dijo...

Adoro la pintura de Hopper.
Siempre me he preguntado que historia escondería cada cuadro...está que describes tu,todas esas posibilidades me han hecho esbozar una sonrisa...
Gracias por compartirlos.

Cris dijo...

Gracias querid@ amig@ por tu comentario. A mí también me intriga la imagen de esta mujer sola frente a una taza de café. Indudablemente tiene una historia que contar desde su mudez. Una historia a la que no podemos acceder, así que lo único que nos queda es imaginar.
Me alegra que te haya gustado.
Saludos desde mi Desierto.
Cris.

Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.