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jueves, 25 de diciembre de 2008

Monotonía


Detrás de las cortinas, por los corredores, sobre los sillones acobardados, soplaba un hálito de pesar. Todo ese silencio tormentoso, acurrucado detrás de los cuadros, disfrazado de recuerdos, pugnó por salir en un grito descabellado. A su pesar, la garganta sólo pudo expulsar un gemido doloroso, inacabable.
El quejido, atormentado por horas fantasmales quebró la monotonía incierta de una vida sin testigos. Bajó los párpados y soñó que no estaba.

martes, 23 de diciembre de 2008

Vuelo II

Erráticas sombras emergieron de lo más profundo de su alma. Calculó hacia dónde la llevarían sus pasos y aminoró la marcha. Hasta hacerse casi imperceptible. Llevó sus manos al cabello en un gesto de autómata. Se acercó a la luz que encandiló sus grises. Abrió sus alas. Y voló.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Vuelo

No titubeó cuando decidió poner llave a su corazón
ya estaba cerrado desde hacía demasiado tiempo
ajado, vencido
sin fuerzas para luchar quiso levantar vuelo
sólo alcanzó a arrastrarse pesadamente por la cornisa
hasta desflecar sus alas en un intento angelical
nada absolvería su pena
nada aliviaría su peso
lloró al fin
su alma
lágrimas
de hielo
y sal.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Sobre su frente

Le acomodó el cabello con pulcritud mientras murmuraba palabras quedas, apenas susurradas, sobre su frente. Luego besó con amorosa lentitud sus ojos. Sonrió cuando miró sus entreabiertos labios pálidos y le abrochó el botón del cuello de la camisa blanca. Giró sobre sí misma con crujidos de su larga pollera de lino azul. Caminó despaciosa sobre la misma alfombra que acunó noches eternas de insomnio y deseo. Se enfrentó con su sombra y no se reconoció en esa mirada turbia, opaca, desnuda. En un gesto tan de ella, se sujetó el pelo hacia atrás con las dos manos y siguió su camino.
Por la ventana del corredor se colaba una blanca mortaja de luna que recortaba negras sombras cimbreantes sobre el jardín. Miró con desgano el brillo del estanque y cerró con pesadumbre las densas cortinas moradas. Acabó por fin, el estrepitoso llanto de los grillos en celo. Las lágrimas caían temblorosas de su alma desflorada .Una penumbra lánguida vagaba errática por la casa. Aromas a incienso penetraban por su piel y apuró el único sueño que cabía en ella. Callaron las últimas palabras que aún latían en su garganta. Y cerró su corazón desvencijado. Con llave.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Palabras muertas

Silenciosa carrera de esqueletos
recostados sobre el gris otoñal
desnudos brazos al cielo emergiendo
de rápidas lenguas oscuras
deslizarse presuroso
apurar el paso
dejando atrás lánguidos ojos negros
rocas, muros, estrechos pasajes
de anónimas miradas
y un murmullo ajeno
extranjero
no detiene el rápido girar enloquecido
del acero gris
triste cortejo en melancólico día
oscuro
de palabras muertas.

martes, 2 de diciembre de 2008

Canción de la espera

Espero tu sonrisa y espero tu fragancia
por encima de todo, del tiempo y la distancia.
Yo no sé desde dónde, hacia dónde, ni cuándo regresarás…
sé sólo que te estaré esperando.

En lo alto del bosque y en lo hondo del lago,
en el minuto alegre y en el minuto aciago,
en la función pagana y en el sagrado rito,
en el limpio silencio y en el áspero grito.

Allí donde es más fuerte la voz de la cascada,
allí donde está todo y allí donde no hay nada,
en la pluma del ala y en el sol del ocaso,
yo esperaré el sonido rítmico de tu paso.

Comprendo que de mí ya se ría la gente
al ver cómo te espero desesperadamente.
Cuando todos los astros se apaguen en el cielo,
cuando todos los pájaros paralicen el vuelo
cansados de esperarte, ese día lejano
yo te estaré esperando todavía.

No importa:aunque me digan todos que desvarío,
yo te espero en las ondas musicales del río,
en la nube que llega blanca de su trayecto,
en el camino angosto y en el camino recto.

Niño, joven o anciano, sonriendo o llorando,
en el alba o la tarde, yo te estaré esperando,
y si me convenciera que ese ansiado día
no habría de llegar, también te esperaría.

José Angel Buesa (gracias Amor)

En la calle Nelson




Camina rápido, como si en cada paso dado le fuera la vida. Coloreadas las mejillas y la boca bajo el sombrero de ala ancha. Lleva bufanda y guantes para aplacar el viento frío de la mañana. Su mano tira de un carrito pequeño, con dos ruedas de metal y un cajoncito, desde donde asoma un hocico negro y el pelo lanoso de mascota vieja. Una, dos, cinco veces, pasa sonriendo, la loca por la calle Nelson.

Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.