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jueves, 23 de abril de 2009

Otro mar

Camina lenta sobre las maderas resecas del muelle. Su cabello largo bailotea oscuro, sobre la falda verde. Fija sus ojos secos en los destellos del agua. La brisa levanta, apenas, tímidas imitaciones de oleaje. Los botes amarrados en la orilla sueñan mares en esta siesta de verano.
Carmen sonríe, por un instante, a las tardes de arena con su padre, al sabor del salitre sobre la piel nueva de su hijo y a los besos húmedos de Juan.
Mira distraída a los cientos de peces que juguetean cerca, muy cerca de sus pies descalzos y piensa en otro mar, enrojecido de vergüenza. Encendiendo los miedos.
Y ve. Como antes, como siempre, un abanico de pájaros sin nombre. Jinetes del Apocalipsis desplegados sobre el azul de ultramar. Bautizando su felicidad con golpes de fuego.
Y luego el dolor, la ausencia estéril. El ahora. Vacío de cosas muertas.
Se envuelve en el mantón cansado, que cuelga desleído sobre los hombros.
Cubierta por mechones de luto, lanza al agua su falda verde y sumerge sus pies en el frío azulado de la orilla.

lunes, 20 de abril de 2009

Coqueta


Se peinó coqueta. Recogió su cabello con una hebilla de carey y leyó el menú. Su espalda se recortaba contra la ventana y dejaba ver sus músculos trabajados en horas de gimnasio. Abrió la cartera minúscula, sacó el gloss y pintó, con languidez, sus labios recién salidos del quirófano. Almorzó sola. Cuando se levantó, giró su cabeza y me miró. La barba ya le había comenzado a crecer.



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sábado, 18 de abril de 2009

Ella


Estaba allí, tendida sobre la escalera blanca de años. La cabeza colgando hacia su costado impúdico. En su mano izquierda, una botella reseca de olvidos, sostenía la mirada impiadosa de los testigos. Casi nada de humano quedaba sobre la calle, y sin embargo, toda la humanidad gozaba con ella.
foto: Escalera ritual

jueves, 16 de abril de 2009

El vuelo


Entre las baldosas húmedas de otoño, crece solitaria, la rebeldía de tu paso. Caminás a saltos sobre tus zapatillas demasiado anchas. Tus dos palitos por piernas, bailotean al compás de una música invisible. Melodías quebradas, voces repetidas.
Nada impide que un vuelo de palomas grises nuble el cielo demasiado azul de una tarde de marzo.
Seguís tu camino sobre las piedras de colores. Como tus capas de piel. Te detenés encandilado de sueños. Y acelerás cuando el hombrecito te guiña un ojo.
Un golpe. Sólo uno. Y te unís al vuelo.

Foto Flickr.com

martes, 14 de abril de 2009

Renuncio

Carlotta:

Renuncio. Sí. Renuncio. No quiero dejarme sobornar por tus patéticas escenas de celos. Renuncio a acompañarte como si fuera tu hijo. A usar lo que te gusta y bajar la mirada cuando me reprochás algo. A silenciar tus secretos. A amarte y seguirte. Renuncio a dejar que tus manos me toquen cuando tienen ganas. A llorar en silencio ante tus gritos destemplados. A mediar entre tus vicios. A arrastrarme como un bicho para que me notes.
Renuncio a ser un segundón. A ceder mi sillón favorito cuando llegás. No quiero más esa horrible comida que preparás cada domingo. Odio que me obligues a acompañarte en tus largas caminatas aburridas, sin dirigirme la palabra. Odio sentarme a ver pasar el tiempo mientras vos leés o escuchás música. Renuncio a que me ignores cuando hablás con tus amigas de tu última conquista.
Odio ese espantoso perfume que me trajiste del viaje a Miami y el abrigo color amarillo que me obligás a usar en invierno. ¿Te acordás de las ojotas que destrocé en un ataque de rabia? Eran amarillas. Yo sé que lo hacés a propósito. Te gusta molestarme.
Pensar que cuando nos vimos por primera vez en la puerta de tu casa, me conquistaste enseguida. Adoré tus manos suaves y tus palabras tiernas. Pero se acabó. Renuncio. Renuncio a vos y a tus caprichos. A tu forma asfixiante de poseerme. Renuncio a alcanzarte la pelotita cientos de veces para que vos te diviertas.
Me voy con la única que me comprende y me ama. Me voy con Gold, la cocker spaniel de enfrente.
Hasta nunca
Fido.

sábado, 4 de abril de 2009

Su último poema

Se acodó despacio en la mesa grasienta.
Habló su sonrisa desdentada
y pidió un descafeinado.
Arremangó su camisa deslucida
y sacó del bolsillo desecho,
la desdicha que necesitaba
para d
escribir su último poema.

jueves, 2 de abril de 2009

Hoy vi gente

Hoy vi gente
mucha gente
hoy vi hombres y mujeres abrazados
sueños y utopías entrelazados
recuperados

hoy vi niños vi palomas
y vi llorar al cielo
lágrimas desteñidas de tarde
banderas envolviendo el pasado
ondeando al futuro

hoy vi lágrimas
en los ojos dolidos de la gente
vi también sonrisas
vi manos saludando
y pies yendo juntos

hoy olí paz entre la guerra
vi unión entre la gente
vi hermanados a unos y otros
enlazados en mágico dolor
caminando hacia la eternidad

hoy no ví figuritas estériles
muertas de muerte natural
pequeños corazones raquíticos
marionetas de signo monetario
rapiñeros de sus hermanos
cadáveres malolientes
yendo hacia su entierro
ausente de glorias eternas

hoy vi llorar a un pueblo
sus errores
sus desdichas
sus pesares
hoy vi a padres e hijos
abuelos y hermanos
pasado y futuro

El futuro me ocultó
por un día el presente.

Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.