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martes, 14 de abril de 2009

Renuncio

Carlotta:

Renuncio. Sí. Renuncio. No quiero dejarme sobornar por tus patéticas escenas de celos. Renuncio a acompañarte como si fuera tu hijo. A usar lo que te gusta y bajar la mirada cuando me reprochás algo. A silenciar tus secretos. A amarte y seguirte. Renuncio a dejar que tus manos me toquen cuando tienen ganas. A llorar en silencio ante tus gritos destemplados. A mediar entre tus vicios. A arrastrarme como un bicho para que me notes.
Renuncio a ser un segundón. A ceder mi sillón favorito cuando llegás. No quiero más esa horrible comida que preparás cada domingo. Odio que me obligues a acompañarte en tus largas caminatas aburridas, sin dirigirme la palabra. Odio sentarme a ver pasar el tiempo mientras vos leés o escuchás música. Renuncio a que me ignores cuando hablás con tus amigas de tu última conquista.
Odio ese espantoso perfume que me trajiste del viaje a Miami y el abrigo color amarillo que me obligás a usar en invierno. ¿Te acordás de las ojotas que destrocé en un ataque de rabia? Eran amarillas. Yo sé que lo hacés a propósito. Te gusta molestarme.
Pensar que cuando nos vimos por primera vez en la puerta de tu casa, me conquistaste enseguida. Adoré tus manos suaves y tus palabras tiernas. Pero se acabó. Renuncio. Renuncio a vos y a tus caprichos. A tu forma asfixiante de poseerme. Renuncio a alcanzarte la pelotita cientos de veces para que vos te diviertas.
Me voy con la única que me comprende y me ama. Me voy con Gold, la cocker spaniel de enfrente.
Hasta nunca
Fido.

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.