Google+ Followers

sábado, 28 de junio de 2008

De acuosidades


Vertiente
de caricias frescas
cristal
de transparencia infinita
calidoscopio
de cristales prístinos
culebra translúcida
delicada serpiente
coqueteas entre piedras rugosas de años transitados
amante
de brazos fríos
invocación
de magos y agoreros
musa
de poetas y amantes trasnochados
espejo
de púberes bellos y doncellas de cuentos
rumores de suspiros y rugidos de placer
vibran al soltar tu líquida cabellera
redentora
de pecados
cómplice
de silencios
tus bravías lenguas de cristal
acunan niños y sueños
volcán transparente
de muerte anunciada
se colman tus lánguidos lechos lodosos
de tanta impudicia
penetras incansable tus piernas de plata
entre los rígidos pliegues adormilados
de la roca dura
hueles a placeres satisfechos
cuando tu savia penetra
las entrañas
de la madre
y cuando te detienes a descansar
yaces entre muros
de silencio
meciendo tu largo sueño.
Cris.

jueves, 26 de junio de 2008

Hablando de Marumba


Marumba no habla, exhala. Marumba no mira, ve.
Marumba se presiente.
Con un halo gracioso, que con cada cadencia vigoriza su estado, recorre de un extremo al otro la abarcadora existencia pretérita.
Mueve graciosamente su abultado bolsillo plumoso y se dirige despaciosa hacia otros estados latentes.
Lamiéndose sus grandes ojeras bordó, reparte con displicencia, gestos de benevolencia.
Y bate aceleradamente sus rasposas medio cintas con nervaduras de azufre.
Marumba no oye, escucha.
A cada llamada lastimosa, corre a resguardarse del temible e insoportable espantajo, que llega desde las más remotas zonas de la espesura dorada del tiempo.
Marumba juega a un juego desleído por años y años de intransigencia nefasta.
Y encuentra en ese juego procaz toda la energía neblinosa, que es sustento de vida.
Y muere y renace con cada vuelta insolente de su histriónica desfachatez.
Marumba sueña con especies alegres y estrambóticas que resuelvan el problema de la latencia interior.
Y hay tanta, que Marumba no sabe cómo entrelazar cada una de sus fibras en los pliegues sempiternos de la nocturnidad.
Marumba tiembla ante cada llanto acallado de verdores intensos y una espiral de flecos cae perpendicular a su astrología negada.
Y se cierra sobre su esponjoso y retráctil caparazón de incontinentes hechos neblinosos,
que sugiere una pesadez no establecida.
Marumba llora también por lo que no sucedió en las nubosas e históricas pendientes turbulentas.
Y encuentra consuelo, en el estrecho hallazgo de infructuosos resabios turbios de andares ligeros.
Marumba es capaz de sentir cómo las trizas de sus astrolabios murmuran rítmicamente la extraña imprecación de milenios.
Marumba ríe ante la escasa latitud de sus alambiques y la pobre longitud de sus espéculos.
Y trata, en vano, de recogerse en la interna variedad de su estancia. Sin plenilunio.
Y Marumba ama lastimera
y odia rasante
y canta gregoriana
y baila …
como sólo Marumba sabe hacer.
Cris.

domingo, 22 de junio de 2008

Tiempo y espacio

Desgranar tus ganas en mis ganas
tu tiempo en mi tiempo
sentirte en el azul de este vacío espacial
tus manos en mis manos
tu ilusión en mi torrente y adentro
muy adentro
sin tiempo ni espacio
nuestro último intento desesperado.


Cris.

viernes, 20 de junio de 2008

Expiación

Ciénaga gris

melancólica

de aguas turbias


anhelo

de caricias

bautismales


tristeza

deshecha en poesía

gritando

aquello que nunca

podremos expiar.

martes, 17 de junio de 2008

Anhelo

Cuando el caos se aquieta
y las últimas luces del atardecer
languidecen
cuando sobre la línea fugaz del camino
el azul se tiñe de silencios
y sobrevuelan remotos pensamientos
de plata
en ese preciso momento de calma
ajena
distante
un sentimiento certero cabalga sobre
la dolorosa congoja
de lo inútilmente anhelado.
Cris.

viernes, 13 de junio de 2008

Amantes


Antiguos deseos
trémulos de caricias
danzan
como lenguas de mariposas
sutiles
embriagadoras


Desiertos de amores negros
despiadados
invaden sueños de sueños
descarnados

Pálidas sombras
en silencio
acosan aman
turban aman

Besos de bocas ajenas
ojos sedientos
tibios pliegues de piel
desatados
carne sobre carne
miel sobre miel.


Cris.

domingo, 8 de junio de 2008

Senderos


Hay un sendero. En el sendero una mujer. Sobre la mujer un sombrero. Debajo del sombrero una lágrima…
rueda.
Hay un sendero. En el sendero un hombre. Sobre el hombre un sombrero. Debajo del sombrero una palabra …
adiós.



Cris.

sábado, 7 de junio de 2008

Miedos

Juan esperó acurrucado en su cama. Hacía frío y por la ventana se colaba un haz de agua helada. La luna estaba alta y parecía mirarlo con su media sonrisa boba. - ¿Porqué no hacés algo?- pensó, pero sabía que pedirle algo a la luna era como pedir nunca más sentir frío. Tan inútil como esperar que llegaran ángeles a rescatarlo para llevárselo lejos, a salvo, cuidado y protegido. Lejos del frío y del miedo. El sabía que los ángeles de los que le hablaba la Tere, en la iglesia, eran puro cuento. A los seis años, Juan sabía qué esperar y qué no.
Oyó ruidos y quedó suspendido, congelado, como esas gotitas que caen del techo de la casa en forma de hilos de vidrio a la mañana temprano y, que a él tanto le gusta cortar. -¿Serán las lágrimas de los pájaros que no pueden llegar al suelo y quedan adheridas a las cosas?-.¿Porqué sus lágrimas no se congelan y duran mucho? - Así tal vez, no tendría que llorar tan seguido.
El miedo se hacía más fuerte. Casi podía sentir que lo abrazaba y lo penetraba por cada partecita de su cuerpo.
Era un miedo grande. Podía verlo, sí, era alto, áspero, con ojos de fuego y voz ronca. Tan ronca como la voz del robot malo que había visto en la tele del Comedor, el Día del Niño.
Podía verlo y oírlo. La angustia lo ahogaba. El miedo hacía ruido y golpeaba cosas. Juan se acurrucaba más y más, entre los pliegues rotosos de las sábanas. Y rogaba aterrado, que se fuera pronto, que no lo viera.
Oyó que se acercaba a su cama y se hizo más chiquito, -ojalá lo fuera tanto como José, el bebé- así ni lo miraba.
Pero esta vez se había detenido junto a la cama de mamá y oyó gritos. Y llantos. Y la voz ronca del miedo. Y golpes. Y la voz ronca. Y cerró los ojitos. Y deseó que la Tere tuviera razón. Que existieran ángeles salvadores. Que los llevaran a mamá. Y a José. Y a él, muy, muy lejos de los miedos.

Cris

martes, 3 de junio de 2008

Desamores


Sola
una lágrima minúscula

corre por tu alma desierta

Única

tristeza deshecha

monótonamente gris

Ajena

de lenguas eternas

sofocación de simiente muerta

Lejana

inspiración de dioses altivos

enajenados de odios y miedos

Estéril

esperanza de penas lavadas

en amores disueltos en llanto

Triste.


Cris

domingo, 1 de junio de 2008

Qué, quién, cuándo, cómo, dónde

Carmen Luna(Artista plástica)




Qué loca esperanza se enreda a tu ausencia
Qué quieta tristeza arropa tu recuerdo
Qué soledades se entrelazan en mi cuerpo
Qué colores tendrán tus besos
sin mí.

Quién aquietará tus manos
Quién besará tu piel
Quién abrirá tu pecho
Quién será después
de mí.

Cuándo sabré de tu pena
Cuándo estarás aquí
Cuándo notarás mi ausencia
Cuándo vendrás
a mí.

Cómo será tu rostro
Cómo tu corazón
Cómo tendrás tu risa
Cómo rodarán tus pies
lejos de mí.

Dónde llevarás tu prisa
Dónde secarás tus lágrimas
Dónde dormirán tus sueños
Dónde acunarás suspiros
Pensarás en mí?

Cris.

Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.