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domingo, 21 de diciembre de 2008

Sobre su frente

Le acomodó el cabello con pulcritud mientras murmuraba palabras quedas, apenas susurradas, sobre su frente. Luego besó con amorosa lentitud sus ojos. Sonrió cuando miró sus entreabiertos labios pálidos y le abrochó el botón del cuello de la camisa blanca. Giró sobre sí misma con crujidos de su larga pollera de lino azul. Caminó despaciosa sobre la misma alfombra que acunó noches eternas de insomnio y deseo. Se enfrentó con su sombra y no se reconoció en esa mirada turbia, opaca, desnuda. En un gesto tan de ella, se sujetó el pelo hacia atrás con las dos manos y siguió su camino.
Por la ventana del corredor se colaba una blanca mortaja de luna que recortaba negras sombras cimbreantes sobre el jardín. Miró con desgano el brillo del estanque y cerró con pesadumbre las densas cortinas moradas. Acabó por fin, el estrepitoso llanto de los grillos en celo. Las lágrimas caían temblorosas de su alma desflorada .Una penumbra lánguida vagaba errática por la casa. Aromas a incienso penetraban por su piel y apuró el único sueño que cabía en ella. Callaron las últimas palabras que aún latían en su garganta. Y cerró su corazón desvencijado. Con llave.

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.