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miércoles, 20 de enero de 2010

Sin poesía


Cada día mi vida escapa al influjo poético. Mi alma se seca, se retuerce. Imposible escribir algo que transmita un sentimiento cercano a la poesía.
Muchas veces, cuando me siento frente a la computadora, las palabras se atoran en mi mente, sin orden ni concierto, queriendo escapar a través de los dedos sobre el teclado. Y sin embargo, después de golpear durante horas, sólo consigo alterar, un poco, el orden de las palabras. Formar frases inconexas. Desagradables formas irregulares de la lengua.
Dónde comienzan las ideas. Desde dónde afloran los pensamientos más poéticos. Las formas más sutiles de la lengua. Cómo conseguir el sortilegio de la belleza en el papel. Misterio. Puro misterio. Y quedo enredada allí donde no es posible alcanzar la expresión más sublime ni el más puro verso. En el fondo de la tristeza o en el margen de la felicidad. Removiendo las entrañas, pero sin salir de la piel dura, impermeable al dolor o a la alegría.
Día a día me trabo y me destrabo. Erijo castillos de palabras sin sustento. Voy y vengo por sus pasadizos oscuros. Me desgarro el alma. Sufro tormentos y amores. Desnudo besos amantes. Trepo, sin red, cornisas y acantilados. Recorro el fondo de mares tormentosos. Realizo viajes al más recóndito de los parajes interiores. Y aún así, no consigo dejar palabras melodiosas en el papel. Y aún así, sigo intentando una y otra vez romper el caparazón de la mediocridad.
Cris
Pintura: Soledad Nocturna. Nelson Perez. Colombia

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.