
Ulises no se contentó con esto y fue más lejos aún. Durante varios años, asistió a diferentes cursos para mejorar su técnica. Debía ser perfecta. Sólo así se ajustaría a su sueño de ser el mejor técnico enviudador. Hábil con las manos y rápido con el pensamiento, era seleccionado siempre para ejecutar los deseos de clientes insatisfechos de la vida conyugal.
Tenía un lugar clave donde ejecutar los trabajos, la esquina sanguínea. Sabía que debía arrastrar a sus objetivos hasta allí. De ello dependía que sus planes se cumplieran con total satisfacción del cliente.
Aquiles, el sombreador de tierras, era una parte casi imprescindible, para la ejecución de trabajos harto difíciles. Se habían conocido con Ulises, en uno de los tantos cursos de desembarazamiento de objetivos y habían conseguido formar un buen equipo. En este lugar, Aquiles cumplía un servicio tan importante como sus colegas y era requerido por el técnico enviudador para los trabajos más sutiles. Eximio artista en las técnicas de sombreado instantáneo de tierras, era además, un experto sonidista y aplicaba con fervor, altoparlantes dispersores de voluntad. Debilitaba a los objetivos al punto de caer fluidificados, permitiendo así, a Ulises realizar el trabajo final con suma destreza.
Ulises y Aquiles, llamados también, los odiseícos, por su afán de ejecutar los designios de los dioses, formaban un equipo realmente eficaz. Tan eficaz que cuando partieron, a pedido de la Liga Interdesembarazadora, no pudieron ser reemplazados.
Comenzaron entonces a proliferar los objetivos, ahora en franca rebeldía. Liberados ya de la antigua pericia de los llamados odiseícos, ocasionaban grandes perturbaciones conyugales. Los clientes, insatisfechos, reclamaron a la Liga la falta de apoyo a la iniciativa privada. Pedían a gritos que se tomaran medidas urgentes.
Ante la incapacidad de una solución de índole particular, las autoridades se vieron obligadas a recurrir a métodos menos sutiles y efectivos. Esto en lugar de generar apoyo, provocó más voces de protesta en contra de los trabajos realizados por los miembros de la Liga.
Al fin, los odiseícos fueron reclamados a ocupar su antiguo lugar, desde donde imponían el orden necesario para un buen desempeño conyugal.
Al año siguiente, en las elecciones libres de la Confederación de Ligas Interdesembarazadoras, el técnico enviudador y el sombreador de tierras lograron, por mayoría absoluta, alzarse con el título de Jefes Indiscutidos.
En los años que estuvieron a cargo, fueron superados, con creces, los guarismos de objetivos desembarazados a lo largo de toda la historia de la vida conyugal.
En la esquina sangrienta, hoy se los recuerda con el monumento a Los Odiseícos; lugar de veneración y respeto de los entubadores de niños.
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