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domingo, 24 de agosto de 2008

Te lo juro!

Te reíste fuerte cuando te lo conté. Estás de la chaveta! –Me dijiste en una carcajada-.
Pero fue así, te lo juro! Te contesté. - Tratando de que me creyeras-.
Me desperté a eso de las diez y diez con ganas de seguir durmiendo, entonces me pasó por la cabeza ese olorcito a café con leche que me sacó de la cama con la velocidad de la luz. Ni pensé en bañarme. No tenía ganas. Fui hasta la cocina y me preparé, saboreándolo de antemano, un café con leche como lo hacía mamá, te acordás que usaba una taza bieeennn grande. Bueno así de grande es la que usé. Abrí al medio un pan francés y lo rellené de manteca y dulce de leche. Lo sopé en el cafecito y me lo comí, celebrando cada chorrito de leche que caía de la boca. Ah! ¿Te acordás de la bici vieja, esa pintada de verde que nos regaló papá a los diez míos y que compartíamos? Bueno, la saqué del arcón, me puse las zapas y me fui a andar bajo el solcito de Palermo. ¿Sabés cuánto hacía que no sentía el viento en la cara? Esa sensación de que el mundo es tuyo? Fue como un baño de inocencia, así de lindo. Pero de pronto se me terminó el paseo y ya no supe que hacer, así que volví a casa y me puse a escuchar a Cesárea Evola. Vos sabés cómo me gusta. Bueno, creélo o no, pero enseguida, en cuanto me aflojé, empecé a moverme, a bailar, y de pronto…loca, estaba re-loca!! Y te juro que no fumé nada. Pero baila que te baila fui levantando vuelo, despacito, envuelta en gasas y tules, como una princesa voladora, y no podía dejar de bailar. Y a medida que bailaba me sentía libre, cada vez más libre. Y movía mis brazos y las gasas me envolvían y flotaba más y más alto. Cruzaba el océano. Celeste abajo y celeste arriba. Y sol radiante y nubes como ovejitas. Y yo miraba desde arriba las ciudades y las personas chiquititas, moviéndose como hormigas, rápido, de acá para allá. Y sentía tanta felicidad de estar allá arriba, sola, libre, etérea.
Pensaste que estaba loquita, no?
-Y…? Ahora me creés ó me voy a pasar el día revoloteando arriba del techo?

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.