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viernes, 12 de septiembre de 2008

Encuentro


Te levantaste el vestido y mirándome de reojo me coqueteaste. Yo sonreí sin poder desviar mis ojos de la blancura de tu piel. Te contorsionaste hasta lograr que llegara a la altura de los hombros, dejando ver tu anatomía sin disfraces. Sospeché tu rubor debajo de la tela que envolvía tu sonrisa. Y me lancé enloquecido hacia tu olor. Un gemido sofocado aceleró el encuentro. Cuando conseguiste salir del escote ya mis manos te enlazaban, seducían, alteraban tu palidez. Y el mismo fuego tenaz que te penetró, consumió mi alma.
Morí felizmente inmolado junto a tu pecho desnudo.

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.