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viernes, 26 de septiembre de 2008

Oceánico



Me asomé al mar
sobre su blanco lecho lloré perlas
caracoles de sueños me envolvieron
largos tentáculos arrastraron mis pesares
lánguidas sirenas reposaban
vigilantes
sobre el mullido verde de la arena
y allí detrás de aquella roca
te vi salir
casi desnudo
sujetando un mechón de algas
adheridas a tu piel sin soles
desteñida
y me acerqué a tu mano fugitiva
para dejarte
amor
el color del verano
que olvidaste
y el olor de rosas
que perdiste.

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Soledad

Soledad
Abrir la puerta de mi casa es todo un desafío. Mi casa y mi corazón. Y no es necesario usar llaves. En este pequeño lugar del universo no son necesarias porque aquí está todo a flor de piel: olores, sabores, murmullos, gritos y silencios. Luces y sombras de ciudades y desiertos. La vida, el amor y la muerte. Y las palabras como hilo conductor. Sólo las usaremos para abrir, si fuera preciso, diminutos cofres de confidencias, sueños y locuras varias compartidas con todos ustedes.
Bienvenidos a casa!
Cris.